Quien te encuentra una vez no debería tener que buscarte de nuevo.
Lo que pasó
Veníamos vendiendo en un marketplace. Un día la plataforma anunció que cerraba en Chile y Colombia. No teníamos forma de contactar a quienes nos habían comprado: ni una lista de correos, ni un teléfono, ni un aviso que pudiéramos enviar.
Cómo los volvimos a encontrar
Fue lento. Uno por uno: por chats viejos, por contactos que se acordaban de un nombre, por gente que preguntaba en grupos si alguien sabía de nosotros.
Meses después, la mayoría volvió. Y ahí entendimos el tamaño real del problema: no era la plataforma. Era depender de ella para hablar con nuestra propia gente.
Por qué una tienda propia
Una tienda propia da más trabajo que una cuenta en un marketplace. Lo sabemos. Pero nos deja algo que no se negocia: un correo al que siempre puedes escribir, y la certeza de que nadie puede cerrarnos la puerta.
Qué puedes esperar de nosotros
Respondemos los correos. Si algo llega mal, escríbenos y lo resolvemos contigo: primero hablamos, después decidimos cómo se arregla.
Lo que sigue igual
Los lentes son los mismos. La gente es la misma. Lo único que cambió es dónde vendemos.